De lo que hablo cuando hablo de pintar

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en el Pecha Kucha Night Vol 7 de Valladolid, organizado por el gran Kike.Y como no podía ser de otra manera, hablé de lo que hago, o de lo que más me gusta hacer, o de lo que creo que mejor sé hacer: pintar.
A continuación transcribo el guión que seguí (un poco retocado para hacerlo más legible).

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Lo cierto es que siempre he pintado, desde muy pequeñito. Siempre he estado rodeado de cuadernos, pinturas de cera, lápices de colores, acuarelas… Recuerdo el día que mi padre me llevó a una tienda llamada Tesela (hace tiempo cambiaron de local, en la misma calle), y me compró mi primer maletín de pintura: una caja de madera con mango de piel y cierres metálicos, llena de tubos de acuarela. Fue la primera vez que ví acuarela en tubos y no en pastilla. Lo siguiente que recuerdo es el olor de la acuarela al salir de esos tubos, y el olor de la caja…

Recuerdo que tendría unos 12 años y estaba en clase de historia, en el colegio. Estábamos viendo un documental, creo recordar que del renacimiento en Italia, y entonces salieron imágenes de pinturas (probablemente de Miguel Ángel) y me dí cuenta de que ¡no tenían líneas! El realismo venía de una serie de manchas aparentemente indefinidas pero muy bien colocadas. ¡Sin líneas que definieran los contornos! Yo estaba literalmente alucinando, escandalizado del descubrimiento que acababa de hacer, mientras el resto de mi clase se aburría.

Y empecé a darme cuenta de que en ocasiones, mientras miraba algo, mi cerebro imaginaba cómo pintarlo.

 

Pintar empezó a ser, sin darme cuenta, algo terapéutico. Y a la vez algo indispensable.
En algunas etapas de mi vida, por motivos variados, no he podido pintar ni acercarme a ver lo que otros pintaban y cuando he vuelto me he dado cuenta de lo íntimamente unido a mí que está el hecho de pintar y de cuánto lo necesitaba cuando no lo tenía.

Pintar, por otro lado, me ha enseñado algo muy importante: el error. En mi opinión uno no “sabe pintar” sino que más bien sabe prever el error y anticiparse para convertirlo en lo que uno quiere. Este es el motivo principal por el que creo y mantengo que a pintar se aprende. Vale que uno puede tener una inclinación innata (por decir de alguna manera) pero no nacemos aprendidos. Lo que pasa es que nos gusta pintar y probamos y probamos y fallamos y fallamos hasta que empezamos a aprender los mecanismos que nos permiten convertir el fallo en parte del cuadro. Es una simple cuestión de tiempo y atención a lo que se hace. Porque el error va a suceder sí o sí, y aprender a pintar es aprender a gestionar el margen de error que cada técnica te permite.

Otra cosa diferente es tener talento, y creo que hasta eso se puede trabajar desde cero. Pero no tengo argumentos para asegurarlo.

Sir Ken Robinson habla de estar en “el elemento”. Es ese estado en el que, sencillamente, todo encaja, y de repente uno se siente ligado a lo que está haciendo de una manera que es muy difícil de expresar con palabras. El tiempo, literalmente, deja de existir.  En ese momento soy capaz de ver lo que estoy pintando y lo que va a salir mientras pinto, como si viera el futuro…ya digo que es algo raro de explicar…
La primera vez en mi vida que fui consciente de lo que me había pasado fue pintando un cartel para un concurso, y lo gané. La segunda vez, fue haciendo un cómic y tuve una mención especial. Luego ha pasado más veces y he tenido resultados muy por encima de otros trabajos, de manera que identificar esta sensación ha sido muy importante para mí, para saber si lo que estoy haciendo realmente vale la pena. Es un buen aviso!

Por supuesto no quiero decir que cada vez que me pongo a pintar alcance ese estado, pero sí que, sin duda, lo busco. Y se aprende a encontrarlo, o a buscarlo. Sólo puedo recomendaros que busquéis la actividad que os haga encontrar esa sensación. Porque es una sensación que engancha.

Pintar es una forma de contar historias, pero sobre todo una forma de comprenderme a mí mismo. Porque para contar algo, primero tienes que tener algo que contar, pero además porque es indispensable cuestionarte eso que vas a contar, tu propia forma de ver el mundo. Por eso lo paso tan mal, aunque disimule, cuando expongo mis obras en una sala. Porque lo que expongo, no es sólo un papel pintado, sino mucho más, y a veces asusta pensar que las pinturas se puedan ir de la lengua y contar esos secretos de alcoba que crees saber sólo tú…

Otro aspecto que me resulta muy interesante del hecho de pintar es que, como os he dicho antes, voy pintando mientras miro por dónde voy y me voy fijando en casi todo lo que puedo. Pero lo realmente interesante de esto es que la mayoría de la gente no se pararía a mirar algo que yo, quizá, esté pintando mentalmente. Y sin embargo, luego, al ver el cuadro, recibes un montón de cumplidos por la belleza de esa imagen. ¡Si ya estaba allí! ¿No lo veíais?
Y, honestamente, no me siento tan especial como para ver lo que otros no ven…

El año pasado me animé a participar en el inktober, una iniciativa consistente en hacer un dibujo a tinta cada día durante el mes de octubre, con el simple objetivo de mejorar las habilidades y compartirlo en instagram. ¡Me enganchó! Me lo pasé tan bien que este año, desde el día 1 de enero, he empezado mi particular proyecto 365 de colgar cada día un dibujo a tinta, a lápiz, acuarela… Voy eligiendo una palabra cada semana para obligarme a pensar cómo ilustrar un concepto de siete maneras diferentes. Hay días me dan las tantas y no he hecho el dibujo del día, y tengo que coger las acuarelas de mi hijo, de 3 años…con esos inefables pinceles de Ikea…pero es que da igual con qué sea, el caso es no pasar un día sin coger un lápiz o un pincel.

Picasso decía, o dicen que decía, que la inspiración le tenía que encontrar trabajando. Y es una forma de decir que la inspiración no te encuentra a tí, la buscas tú. A veces desespera no encontrarla, pero con tesón y pasión, el hilo acaba por aparecer. Es un poco lo que comentaba más arriba de encontrar tu elemento y aprender a buscarlo.

Para mí pintar es algo esencial, supongo que algo que me define. Un sueño constante. Y tengo la suerte de tener al lado a una persona con un potencial y una inquietud impresionantes y que no deja de animarme a perseguir mi sueño aunque eso a veces suponga olvidarse un poco de los suyos. Poco a poco voy entendiendo que la clave está en tener siempre un sueño que perseguir, porque a veces, aunque sea solo un ratito, los sueños se dejan tocar.

Y si no, al menos, los puedo pintar.

Aquí, el enlace a la web donde podéis ver el vídeo de mi intervención.

 

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